El método del Business Angel

Como consultores e inversores analizamos constantemente proyectos de nuevas empresas de base tecnológica en las fases de creación de la empresa o en las primeras etapas de crecimiento. Cada inversor, para decidir si financia un proyecto, tiene sus propios criterios y son muchos los que piensan que invertir es, en cierto modo, un arte. Mirando con perspectiva los años que llevamos en Bantec analizando, orientando e invirtiendo en empresas innovadoras, estamos cada día más convencidos de la importancia de tener un método, una sistemática que ayude a desarrollar el arte de la inversión.

El primer paso es determinar qué tipo de empresa es la que nos está pidiendo asesoramiento y, en algunos casos, financiación. Buscamos empresas innovadoras, empresas con productos de alto valor añadido, con contenido tecnológico, con orientación internacional, de rápido crecimiento, con una organización flexible que pueda adaptarse rápidamente al cambio, que genere empleo de calidad. Bonito, muy bonito…pero a primera vista, porque todos sabemos que estas empresas también tienen sus inconvenientes. Tienen una importante dependencia de capital ya que requieren inversiones elevadas en producto (muchos de ellos no están totalmente desarrollados) sus flujos de caja no suelen ser constantes, las ventas iniciales por lo general son lentas y el éxito depende inicialmente de un único producto.

El segundo paso es el análisis de la Oportunidad de Negocio. Tener un buen producto no significa venderlo. En ocasiones productos con un gran atractivo y técnicamente avanzados no encuentran la respuesta esperada en el mercado. Hay muchos motivos, desde el grado de cambio que le implica al usuario, con el trastorno que esto supone en algunos casos, hasta la que el cliente no cree que el producto valga lo que nosotros estimamos que vale o que, simplemente el mercado no está maduro y va a tardar en estarlo o no existe la necesidad, no se resuelve ningún problema ni se mejora nada. Este aspecto es crítico, es vital tener claro qué es lo que aporta nuestra empresa, cuál es su diferenciación, su propuesta de valor y cómo ésta es percibida en el mercado.

El siguiente aspecto es el Modelo de Negocio. Podemos tener un producto con un potencial de mercado enorme pero eso no implica que el negocio vaya a ser rentable. Entran en juego muchos factores además del volumen de ventas. La estructura de costes, la escalabilidad del negocio, el control de los recursos y actividades críticos, la estrategia y movimientos de la competencia, la forma en la que “hacemos negocio” con nuestros clientes, proveedores y socios. Cuando queremos transformar una nueva tecnología en una propuesta de valor, el Modelo de Negocio adquiere una criticidad extrema, no es baladí. Tampoco es evidente, requiere horas de trabajo y de pensar y replantear el negocio con distintos enfoques, distintas perspectivas.

¿Y el Emprendedor? La sintonía con el emprendedor es fundamental. Las empresas innovadoras se caracterizan porque necesitan distintos perfiles de gestión en función de la etapa que esté atravesando la empresa. Hacen falta líderes, no directores generales. Personas dispuestas a arriesgar, apasionadas con el proyecto y abiertas a cambiar la estrategia inicial de sus proyectos si fuera necesario.

¿Analizamos más aspectos? Sí, pero si los anteriormente mencionados responden afirmativamente, el proyecto va camino del primer éxito: su puesta en marcha.

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